Tras un año y medio de pandemia, donde las plataformas virtuales han sido, por excelencia, el canal para mantener las interacciones sociales, la aplicación WhatsApp lanzó una actualización que permite escuchar audios de manera acelerada.

 

A partir del pasado 25 de mayo, la app ofrece tres velocidades: normal (1x), rápido (1.5x) y muy rápido (2x), para que el usuario, a elección, decida cómo escuchar los mensajes de voz. Al reproducir un audio aparece, en el lugar de la foto del contacto, un círculo con la velocidad en la que la nota de voz se está reproduciendo y, al pulsarlo, se puede modificar.

Esta actualización parece ser la solución a esos audios interminables que pocos quieren escuchar y que nos pueden resultar una pérdida de tiempo. Sin embargo, prontamente comenzó la polémica en redes sociales. Muchos usuarios argumentan que esta función contribuye a aumentar los niveles de ansiedad y estrés de la vida cotidiana.

En los últimos días han sido frecuentes los debates en diversas redes sociales, donde se han analizado las condiciones que dieron surgimiento a esta actualización, así como los hábitos que genera.
En Twitter, el usuario @sebabortnik manifestó que la actualización lo preocupa, por lo que abrió un hilo para realizar ciertas críticas:

Deshumanizar es una palabra que ha sido recurrente en los debates en torno a la aceleración de audios. Preocupa que incorporemos esa velocidad de escucha como habitual, y después al retornar a conversaciones cara a cara nos resulte extraño y agotador. Además, suele identificarse a esta actualización como resultado del incremento de velocidad en la vida cotidiana, que nos lleva a intentar hacer productivo hasta el más mínimo segundo. El modo 2X puede ser un claro reflejo de nuestra necesidad por no perder tiempo, aún en conversaciones íntimas.

En Instagram, @andreaenjuto comentó sobre esta herramienta en el pie de foto de una de sus publicaciones.

En este caso, Andrea siente que esta función puede afectar en gran medida las relaciones interpersonales, principalmente las más íntimas. Los vínculos que mantenemos con nuestros seres queridos van tomando, de algún modo, las distorsiones propias de la aplicación.

Pretendemos dedicarles cada vez menos tiempo y eliminar aquellas cuestiones propias de la naturalidad del diálogo, como son las pausas, las muletillas y los suspiros. Además, la autora de esta reflexión identifica al contexto actual como un momento particular de mucha aceleración. El aislamiento nos obliga a abusar del uso de los dispositivos electrónicos, y son pocas las conversaciones no mediadas en nuestra cotidianeidad. Sumado a esto, nuestra casa se vuelve nuestro único escenario, tanto para las responsabilidades como para el descanso, por lo que crece nuestra necesidad de sentirnos productivos.

También encontramos en Instagram, esta publicación de la cuenta @lifeinpics_blog, que habla del fenómeno.

 

Hace un repaso por algunos adelantos tecnológicos que significaron un cambio en la vida cotidiana de la época en la que surgieron. Los contrapone con la actualización, volviendo a la idea de una vida en la que el tiempo es oro, por lo que perderlo escuchando un audio largo de otra persona es comparable a una pérdida económica.

Siguiendo con lo que se ha ido comentado en las publicaciones, decidimos darle voz y voto a los teóricos de la comunicación, que pueden encontrar en esta actualización una corrupción de la comunicación interpersonal.

Eliseo Verón, en diversos escritos sobre los conceptos de mediación y mediatización, plantea que la construcción social del sentido es influenciada por la infraestructura técnico – mediática. Es decir, que los distintos cambios en las funcionalidades de las aplicaciones modifican en gran medida las prácticas y las relaciones que los usuarios mantienen con ella, así como las significaciones que generan en esas relaciones.

Siguiendo con la comunicación no verbal, Watzlawick (2014, “No es posible no comunicar”) nos dice que es imposible no comunicar y que la comunicación no es solo lo que uno dice, es también lo que uno deja de decir, incluyendo así al silencio como una forma de comunicar. En este caso, no nos interesa ahondar en los gestos, ni los modos de vestir que también forman parte de lo que uno comunica; preferimos darle lugar a los tonos de voz, pausas, silencios, muletillas, que son aquéllos que se pueden encontrar en un audio. Ya veníamos con esta idea de que al acelerar los audios perdemos aquellos estilos y matices de la voz que son característicos de las personas con las que nos comunicamos y que tienen mucho que aportar a la conversación. Entonces podemos agregar que el silencio, además, permite la reflexión. Mediante el silencio en la comunicación interpersonal podemos asegurarnos de haber entendido el mensaje. También nos concede un tiempo para explorar nuestras emociones y ajustar una respuesta adecuada. Como también los cambios en el tono de la voz, junto con modificaciones de la intensidad o volumen, transmiten a los oyentes ideas de distancias y tamaños. Podemos afirmar que todo esto se pierde al acelerar los audios.

Sobre la respuestas a la encuesta

Asimismo, decidimos hacer una breve encuesta anónima – que cuenta con la participación de más de 150 personas – a fin de poder conocer en mayor profundidad algunas opiniones respecto a esta temática.

El 85% de nuestros encuestados asegura utilizar los audios de WhatsApp frecuentemente y más de un 90% está al tanto de la actualización de la aplicación. Sorpresivamente, hay una gran variedad de posiciones. Están quienes adoran la nueva actualización y quienes la rechazan deliberadamente, así como aquéllos que aún no la consideran relevante.

Un encuestado manifestó:

«Malísima, con completa sinceridad. Me parece que además de no poder tener tanto vínculo personal presencial eso enfría más las relaciones. Me parece importante escuchar con atención lo que el otro tiene para decir, parte del respeto y amor que le tenemos al otro.»

Una opinión que se posiciona en la misma línea que las que han surgido en las redes sociales.

En el mismo sentido, otro encuestado planteó:

«Me parece que desvirtúa la verdadera comunicación porque se pierden cosas importantes como el análisis del tono de voz y demuestra la ansiedad de la gente al querer terminar todo ya, lo más rápido que pueda.»

En cambio, también encontramos recepciones más positivas a la actualización:

«Un mil! Sobre todo para cuando tenés que escuchar audios (sea de amigos, facultad, trabajo, etc.) que mientras te hablan se quedan pensando, se pierden, repiten las cosas, hablan con la persona que está al lado de ellos… En fin, lo amo.»

«Me parece una gran herramienta, sobre todo porque tiene la opción de utilizarla o no, según la preferencia del usuario.»

Sin embargo, lo que la mayoría de estas respuestas tienen en común es el sentimiento de que una modificación en la estructura de la plataforma incide directamente en las prácticas cotidianas.

 

Tomarlo con humor

Por otra parte, la reciente actualización de WhatsApp dio surgimiento a ingeniosos memes difundidos en diversas redes sociales, principalmente Instagram, TikTok y Twitter. Compartimos algunos,

 

 

Además, un conocido humorista de Instagram, @gabrielhlucero, realizó varios videos en torno a esta temática que se volvieron virales rápidamente. A través de su serie, Gente Rota, Gabriel le da vida a audios de WhatsApp que sus seguidores le envían ¡A continuación te dejamos uno de nuestros favoritos sobre el tema!

 

Por Julieta Angeloni,  Virginia Bartolucci,  Lourdes Maggi y Paula Vallacco, estudiantes del Seminario Ciberculturas, ciclo 2021.