En esta tesina de grado sistematizamos los últimos cinco años del proyecto Caramelos Surtidos, evidenciando la importancia de la articulación territorial, destacando el protagonismo de la Universidad en el proceso de democratización de la sociedad y dando a conocer la implicancia de la comunicación en el campo de la Salud Mental.

Durante el año 2009 se sancionaron en nuestro país dos leyes que propusieron un cambio de paradigma en relación a los servicios de Comunicación Audiovisual y a la Salud Mental: ambas incorporaron la perspectiva de Derechos Humanos. En el caso de la Ley Nº26.522, popularmente conocida como ley de medios,  se reconoce que la comunicación es inherente a la constitución de las sociedades y que posee carácter transformador; y en el de la Ley N°26.657, se procura la protección de la salud mental de todas las personas, y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con padecimiento mental. 

En 2012, Andrés Monti Falicoff, docente de la Facultad de Ciencia Política y RRII, y un grupo de estudiantes presentaron por primera vez el proyecto de extensión universitaria  La radio como construcción colectiva con la finalidad de trabajar en un taller de expresión oral con la Asociación Civil Casa del Paraná, la cual lleva adelante el acompañamiento de personas con padecimientos psíquicos. Posteriormente, se integraron El Puente Artesalud dispositivo sustitutivo de lógicas manicomiales perteneciente al Hospital Municipal Roque Sáenz Peña y Radio La Hormiga de la Biblioteca Popular Pocho Lepratti con la intención de sumar participantes y lograr salir al aire semanalmente con un programa de radio en vivo. 

Desde entonces, se transmite todos los viernes Caramelos Surtidos, un programa de radio magazine/revista que contiene diversas columnas informativas, literarias y musicales de un grupo de personas usuarias de servicios de salud mental que ven a la radio como un espacio que les cambió la vida. 

Este programa resulta un ejemplo concreto de articulación de las dos leyes antes nombradas a partir de la intervención de la universidad pública. Esta última es una institución pilar para el desarrollo y la soberanía de un país, cuya función social no se agota en la construcción de un conocimiento científico para una comunidad reducida que la transita y hace uso de sus recursos. Participar de proyectos de estas características implica un compromiso político de toda la comunidad educativa asumiendo la urgencia de la transformación cultural intencional, sistematizada y dialógica. 

¿Por qué hablar de extensión universitaria?

Determinar el grado de compromiso social de las casas de altos estudios es una búsqueda que remite al SXIX y se enlaza a los movimientos sociales, políticos, filosóficos y culturales europeos que entonces procuraban ampliar la participación social. En Argentina, se incorpora con la Reforma del ‘18, aunque cobró mayor relevancia en las últimas décadas. Ávila Huidobro (2015) asevera que la academia, desde sus comienzos, estuvo siempre desligada de su más inmediata realidad; y es esta histórica desvinculación territorial la que ha imposibilitado la interpretación y la construcción de una escena local en sintonía con la realidad de nuestras naciones. 

La academia debe aportar a la generación de una conciencia crítica para la problematización de la realidad y procurar conjuntamente respuestas a esos cuestionamientos. La universidad debe ser, ante todo, democratizadora; debe tener como horizonte la justicia social. Es importante recordar que el conocimiento no es neutral, posee una carga ideológica y por ende, es político: la manera en que se constituye como legítimo será acorde al proyecto de país que esté en disputa. 

Es indispensable tener presente que la institución educativa forma parte de ese Estado que debe garantizar el acceso irrestricto a una educación superior, puesto que es un derecho humano. Y, a su vez, quienes ingresamos y permanecemos en el ámbito académico somos parte del pueblo, por tanto es nuestro deber ejercer nuestro compromiso por la búsqueda de esa equidad no sólo en términos jurídicos sino, y fundamentalmente, en términos concretos. 

Contino y Daneri (2016) afirman que la extensión tensiona y disputa un lugar dentro de la universidad para encontrar reconocimiento desde la legalidad de los procesos y la legitimidad de su función. Esto frente a sectores intelectuales conservadores y elitistas de las casas de altos estudios que desestiman la cualidad científica del conocimiento construido a partir de dicha instancia.

En el caso de Caramelos Surtidos la universidad es protagonista (y no espectadora) de la modificación del territorio propiciando el encuentro y la articulación de organizaciones sociales, generando un diálogo entre ellas y construyendo nuevos saberes impregnados de la mirada múltiple de quienes allí se descubren, reúnen y coinciden. 

En primer lugar, la universidad reconoce el derecho a la comunicación y, como consecuencia de eso, da cuenta de la capacidad jurídica de las personas usuarias de servicios de salud mental favoreciendo la democracia, irrumpiendo en la esfera pública desde una ciudadanía activa. 

Quedarnos solo con las mutaciones territoriales sería obviar la cualidad dialógica de la extensión. En cambio, pensar a este tipo de proyectos como un proceso vivaz es reconocer que la institución se corre del lugar histórico de hegemonía del conocimiento, de iluminadora, aceptando que también se encuentra en proceso de aprendizaje, con el saber que se  construye articulando conocimientos para responder a problemas emergentes. 

En 2016 la demanda de los estados municipal y provincial para acompañar grupos en algunos efectores de salud posibilitó, posteriormente, la conformación de La Red de Espacios de Radio en Salud: Caramelos Surtidos, Paseantes (Centro de Salud Martin), Saludadores (Hospital G. Carrasco) y Radio HEEP (Hospital Escuela Eva Perón). Actualmente, La Red se compone, además, por otros grupos que no están vinculados directamente con la Universidad como Tardes Nuestras del Centro Cultural Gomecito y De Lunes a Lunes de la Colonia Psiquiátrica de Oliveros. 

Durante el ciclo lectivo 2018, en la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario comenzó la cátedra  Prácticas comunitarias de comunicación en dispositivos de salud, “una propuesta que busca la identificación de problemáticas de la salud-enfermedad; intentando respuestas a las mismas, trabajando en la planificación e implementación de estrategias comunicacionales de modo interdisciplinario e intersectorial”. Parafraseando a Nina Cabra, reparar en la comunicación como proceso constructivo pone a sus profesionales en una nueva posición, como personas aptas para crear nuevos mundos.

El ejercicio del derecho a la Comunicación

La comunicación es un proceso político-cultural inherente a las personas; es un espacio de interacción en que se intercambian, disputan y conforman sentidos comunes, poniendo en juego relaciones desiguales de poder para establecer maneras de pensar y construir el relato de la realidad.  

Cuando hablamos de comunicación comunitaria nos refererimos a la perspectiva que privilegia la comunicación como un derecho humano, donde la organización popular genera un diálogo que construye conocimiento. Las prácticas de comunicación popular fueron siempre manifestación de un proyecto emancipatorio, como una puerta al ejercicio de otros derechos.

La aparición de las personas usuarias de servicios de salud mental en la esfera pública se da desde un lugar diferente al que se tiene en el imaginario social y que los medios masivos de comunicación ayudaron a perpetuar y legitimar. Según la Guía para el tratamiento mediático responsable de la Salud Mental (elaborada por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual), las personas con padecimientos mentales suelen aparecer bajo los estigmas de anormalidad, incapacidad o peligrosidad y estas ideas son acompañadas por imágenes que refuerzan los estereotipos negativos. En un breve recorrido que la Red realizó por las secciones de los diarios locales del último año pudimos confirmar tal aseveración. 

En el caso de este proyecto de extensión, las personas participantes se han apropiado del espacio puesto que realizan un programa de radio semanal de manera comprometida desde hace más de siete años, el cual dura una hora y media, con producción de contenidos propia de diversa elaboración, adquiriendo herramientas técnicas que les permitieron mejorar la transmisión.

Entonces, este proceso está acompañado por las modificaciones que cada persona ha transitado en su subjetividad, donde la posibilidad de hacer radio, en conjunto con las demás actividades que realizan en los otros dispositivos a los que asisten, resulta indispensable para restituir derechos, promover la autonomía, fomentar la creatividad, hacer uso de la voz propia, desarrollar la escucha atenta y atender la diversidad de intereses del grupo.   

El encuentro sostenido ha colaborado en aumentar la potencia de cada participante. Los conflictos surgidos, en primera instancia, ocasionaron malestar e incluso bajaron la potencia en términos de participación, sin embargo, existen ejemplos claves que dan cuenta de que un inconveniente puede derivar en potencia elevada. 

La composición de un espacio donde la expresión esté ligada al gusto y al placer, y no al sufrimiento, abrió paso a la palabra compartida, colectiva, a la escucha. La radio incrementó las habilidades de acceso y análisis de la información en cada participante. 

Es necesario recalcar la apertura de un campo profesional totalmente novedoso, un terreno fértil desde donde es posible disputar sentidos, construir conocimientos desde una perspectiva popular y comunitaria, realizar nuevos aportes al campo académico  y, fundamentalmente, reforzar aquellos espacios que impulsan procesos de emancipación. 

Introducir las prácticas territoriales comprometidas en las currículas para sensibilizar a quienes están en proceso de formación profesional será base para interpelar a la academia y disputar qué proyecto de país se desea, para comprender que la educación superior es un derecho. También es menester propiciar una mirada crítica con ansias de justicia social, sobre todo, para quienes tienen el privilegio de acceder a dichas herramientas educativas de tal jerarquía.  

Destacamos el papel protagonista de la Universidad como articuladora de la legislación vigente en pos del ejercicio activo de la ciudadanía como modo de garantizar la democracia.  Con este trabajo buscamos mostrar cómo la implicación en el territorio genera cambios significativos y constituye una oportunidad imperdible de socializar el conocimiento.

 

Por María Victoria Duránd Mansilla, Licenciada en Comunicación Social (UNR), adscripta de la cátedra ‘Prácticas comunitarias de comunicación en dispositivos de salud’ e integrante de ‘La Red – Espacios De Radio En Salud’. 

** La defensa de la tesina se realizó en el programa Caramelos Surtidos. El jurado participó del programa, escuchó la presentación, hizo preguntas y reflexiones. Fue una defensa con público, familiares, compañerxs y oyentes de Caramelos Surtidos. 

 

Bibliografía: 

Podestá, F. (2015). Universidad territorio y transformación social. Reflexiones en torno a procesos de aprendizaje en movimiento. R. Ávila Huidobro, L. Elsegood, I. Garaño y F. Harguinteguy. UNDAV Ediciones, Col. Aprendizaje en Movimiento. 2014. 114 pág. Cartografías del Sur. Revista de Ciencias, Artes y Tecnología, (1).

Cabra, N. (2015) La comunicación: transmutación de cuerpos y afectos” Publicado en www.imagencristal.com.ar.

Contino, P, Daneri, M (comp) (2016) Cartografías del territorio. Rosario: UNR Editora.